Trailer de Nine
A falta de una semana para su estreno (limitado) en Estados Unidos, descubrimos un nuevo y espectácular trailer del retorno de Rob Marshall a los musicales. Reparto de lujo con nuestra Penélope a la cabeza, "Nine" promete hacernos disfrutar de lo lindo.Estrenos de la semana (4 de Diciembre)
Quien se queda en casa es porque quiere. A las puertas de la vorágine navideña, la oferta en salas del primer viernes de diciembre es de lo más variopinta y bien variadita en estilos y géneros. Échale un vistazo en nuestra habitual sección semanal de estrenos
Crítica de In the Loop
Desde el Reino Unido nos llega esta incendiaria crítica al mundillo de la política, por supuesto adornada con un humor de lo más british, que hará las delicias de todo espectador deseoso de películas con algo de actividad neuronal requerida. Brillante y reivindicable desde ya.
Crítica de Lluvia de Albóndigas
El nuevo intento de Sony por hacerse un hueco en el mercado de la animación 3D es esta comedia gastronómica de aventuras, no demasiado nutritiva pero ciertamente golosa, especialmente en una segunda mitad francamente entretenida.
Crítica de Heartless
Como prometimos hace unos días, publicamos la reseña de Heartless, triste película de terror que demuestra una vez más la mala suerte de Jim Sturgess con sus papeles. Muy, muy por debajo de lo esperado, la película se convirtió en uno de los más decepcionantes estrenos de Sitges '09..
UPDATED! Primeras imágenes de Iron Man 2
A falta de poco más de 150 días de su esperado estreno, por fin tenemos las primeras imágenes de "Iron Man 2", secuela de la lograda adaptación que hace apenas dos años dirigió Jon Favreau con un portentoso Robert Downey Jr. como Tony Stark. Ambos repiten, acompañados por otro resucitado de lujo: Mickey Rourke.
Crítica de Thirst
Probablemente sea la peor película de Park Chan-wook, pero a nosotros, la historia de vampiros que nos presenta con "Thrist" nos ha encandilado. Notable visión de los míticos chupasangres desde un punto de vista alejado a los ejemplos que pululan actualmente por cartelera...
Los Crímenes de la Calle Morgue
Bill Haverchuck continúa su especial sobre el terror de los años 30 con esta mítica película protagonizada, en 1932, por Bela Lugosi. Una parada de feria, un mad doctor, y un relato de Poe como principal referente. Combinación infalible para este clásico de Robert Florey.
Crítica de Saw VI
La polémica "Saw VI" no se libra de pasar nuestro examen. Censurada en España por hacer apología de la violencia, a la hora de la verdad se antoja prácticamente tan inocente como siempre, y lo único que la distingue del resto de la serie es un incremento (insuficiente) del factor entretenimiento. El retorno de Jigsaw ya no engaña a nadie.
Crítica de Planet 51
El gran éxito de la semana se llama Planet 51, toda una sorpresa en taquillas. Dirigida por un tándem español, la cinta no está a la altura de Pixar, obvio, pero sí al de sus competidores, lo cual ya es decir mucho. Entretenida opción para tener a los críos entretenidos.
Crítica de "El secreto de sus ojos", por John Blutarsky
Juan José Campanella se ha quedado con nosotros. Lo tomamos por un tipo blandurrio, manipulador y populista. Por un embaucador de sentimientos y un demagogo de la lagrimilla fácil y la lluvia a gusto de todos. Y resulta que no es así. O por lo menos no del todo. El tipo parece ser capaz de ir más allá de hijos, novias, tocar más palos y hacerlo de manera competente, como queda bien demostrado en su última y aclamada película.Y vaya por delante que con lo de "aclamada" hago referencia justo a eso, a la acogida popular, a la opinión generalizada que saluda la película como una de las mejores -si no la mejor- del año y que yo, aviso, no comparto totalmente.
Pero sí, hay que reconocerle sus méritos a esta la sorpresa argentina de la temporada.
"El secreto de sus ojos" se abre con una secuencia que resulta reveladora del tono de lo que vamos a ver las próximas dos horas y pico. En ella, un escritor (habitual, previsible y soberbio Ricardo Darín) imagina el principio de un relato que se nos muestra de dos maneras contrapuestas que son desechadas por el personaje en seguida: la primera está bañada por la luz cálida del sol matutino, la dulzura del pastelito del desayuno y la sonrisa acuosa de la protagonista. La segunda, es una escena de sexo atroz y violento. Dos maneras contrapuestas de enfocar los hechos conviviendo en una misma secuencia.
Y es que al fin y al cabo la película es justo eso: una historia de corte negro (neo noir dirán los modérners) encuadrada en un relato que se balancea entre la comedia y al drama, entre la ternura y la violencia más descarnada. Un peligroso paseo entre el éxito y el desastre total que afortunadamente se salda con lo primero.
Crítica de "Tenderness", por el Capitán Spaulding
Crítica de "Shadow", por el Capitán Spaulding
Una de las grandes incógnitas del pasado festival de Sitges consistía en saber qué nos deparaba "Shadow", desconocida producción italiana (pero rodada en inglés, a la vieja usanza) que prometía emociones fuertes y en cuyo cartel una frase advertía que reality can be sicker than nightmares.Reparto no reconocible, director totalmente anónimo (Federico Zampaglione) y guionista que ni siquiera aparece en IMDB no hacían sino catapultar a la categoría de leyenda una película que, a la postre, ha demostrado ser uno de los más tristes espectáculos del festival.
En una especie de survival por los bosques, la película se centra en los problemas de una pareja de ciclistas con dos matones de un bar, quienes desde el primer momento deciden que les caen mal y les persiguen por el bosque a bordo de su 4x4, con un perro que parece un dinosaurio y disparando sus escopetas... vamos, unos tipos de cuidado. En medio de todo esto, hete aquí que los cuatro acaban perdiéndose en la niebla, donde son cazados por un ser deforme que decide, por las buenas, torturarlos a todos. Porque qué coño, si eres alto, jorobado, malencarado y más bien feote, tienes que ser malo por narices.
Lo cierto es que, si bien ridícula, la excusa para meter a tan dispar grupo protagónico en los bosques malditos se antoja tan válida como cualquier otra por lo que, de hecho, acaba agradeciéndose ese pequeño chispazo de novedad. Así, durante los primeros treinta minutos de "Shadow", entre la sorpresa y el despiporre causados por el estilo tan amateur y casposo de todo el trabajo (desde las actuaciones al propio color de la película), lo cierto es que el espectador se encuentra a sí mismo curioseando las hazañas de un grupo de víctimas que por primera vez no se compone por adolescentes salidos con ganas de alcohol, drogas y sexo. Repito, todo ello tan tristemente risible como si de una producción Asylum se tratase.
Llegados a este punto, la película se transforma: de una mezcla entre "Defensa" y "El Proyecto de la Bruja de Blair" pasamos a otra compuesta por "Martyrs" y "Hostel", en un revoltijo imposible y demencial cuyo único nexo es su terrible factura.
Lamentablemente la gracia ya empieza a cansar, y mientras Zampaglione se esfuerza por crear una sensación de tensión y horror (traducido en alargadas escenas en las que no ocurre nada), el espectador desea toda la casquería y/o enfermedad que le habían prometido antes de entrar en la sala, y a la que parece que llevará la situación en pantalla: tres personajes atados a otras tantas camillas, el tiparraco malote de antes preparando utensilios punzantes, un sótano...
Nada. Del mismo modo que en la antes citada película de Eli Roth, "Shadow" se muestra terriblemente mojigata a la hora de satisfacer al lado más oscuro del público, mostrando (seguramente por limitaciones económicas, todo hay que decirlo) apenas dos breves escenas mínimamente angustiantes, y desaprovechando una oportunidad que, francamente, tenía a huevo.
En vez de eso, la película se centra en el consabido twist final, que merece un punto y aparte por significar definitivamente el calificativo de chiste (a quien haya pagado la entrada le corresponde determinar si resulta gracioso o no). He intentado reprimirme, pero me resulta imposible, así que ahí va el SPOILER (que no tiene desperdicio): resulta que, en realidad, todo es fruto de la imaginación del protagonista, quien junto a sus dos perseguidores son soldados heridos de gravedad en la guerra de Irak. De hecho, mientras son tratados por la enfermera, que en sueño del chico es su partenaire ciclista, intentan salir del estado comatoso en que se encuentran sumidos. Como es de esperar, sólo sobrevive nuestro héroe, aunque horriblemente mutilado de manera que su gran pasión, montar en bicicleta (sic cósmico) , le será denegada para siempre... FIN SPOILER.
Podría acabar este comentario aconsejando al lector que no vaya a ver "Shadow" bajo ningún concepto, pero como se desconoce totalmente el futuro comercial de la cinta (si es que llega a tener alguno, cosa que pongo seriamente en duda), recomiendo todo lo contrario: que se intente conseguir una copia (legalmente, of course) para su visionado tras una maratón de películas de Troma. Desde este punto de vista, semejante desastre cinematográfico no tiene desperdicio.
2/10
SITGES 09. Crítica de "Hierro", por el Capitán Spaulding

El problema con esta clase de películas radica en que el espectador ya está más que acostumbrado a ellas, por lo que desde el primer indicio que propongan sus imágenes comienza a elucubrar sobre la verdad oculta en el asegurado doble juego que pretende buscar el guión. Con tan mala suerte de que, a excepción de un par de cabos, suele acertar siempre.
El debut en la gran pantalla de Gabe Ibánez (especialista en efectos especiales y a quien alguien podría decirle aquello de zapatero, a tus zapatos) se ubica en este saco, siendo un triste refrito de sextos sentidos, orfanatos y anillos malignos que echa por tierra las buenas sensaciones (y mejores esperanzas) de “[Rec] 2” en cuanto al cine español, del que alarga esa marcha por las penurias a la que últimamente parece abocado.
Una bellísima Elena Anaya se enfunda en la piel de María, madre soltera que en el ferry de camino a la isla de Hierro pierde a su hijo, a quien llevaba de excursión. A partir de aquí, María comienza una investigación en tan extraña isla, donde nada es lo que parece y todos sus habitantes esconden más de lo que dicen.
Además de la presencia de la actriz (que se ha pasado por el festival terriblemente delgada y teñida de rubio), poco o nada puede salvarse de “Hierro”, desafortunada muestra del más ruin exploit nacional presentada, vaya por dónde, por los creadores de “El Orfanato”.
Igual que J.A. Bayona, Ibáñez ofrece una película académicamente perfecta, con una fotografía azulada y escenarios tan magníficos como fríos. De este modo, ningún ápice se sale de lo establecido, el riesgo artístico brilla por su ausencia, y apenas hay muestras de que, efectivamente, haya un director tras las cámaras en vez de un mero sistema informático. Cualidad que, en realidad, no tendría porqué influir demasiado habida cuenta de la infinidad de productos puramente comerciales que logran entretener al espectador.
El problema, justamente, radica en que “Hierro” aburre, aburre mucho. A lo largo de su hora y media larga, no puede encontrarse absolutamente nada de interés, aparte de la relativa curiosidad inicial (rápidamente extinguida) y los generosos desnudos de la protagonista, esforzada y tan correcta como de costumbre.
Todo ello no deja de sorprender si tenemos en cuenta que quien firma el guión no es otro que Javier Gullón, responsable del libreto de la muy valorada “El Rey de la Montaña”. Para la ocasión, el escritor se sirve de todos los tópicos habidos y por haber en lo que al género se refiere, por más que se disfracen tras un estilo de correcta factura pero tan pretencioso como vacuo y cansino.
A lo largo de toda la película, un sinfín de ridículas justificaciones son empleadas para provocar el devenir de los hechos, lo suficientemente risibles como para echar por tierra cualquier atisbo de inteligencia, lógica y, por tanto, credibilidad.
Y en medio de semejante desaguisado, la banda sonora sirve para rematar la faena. Desfasada y excesiva, en más de una ocasión parece que forme parte de otra película distinta de lo mucho que desentona en relación al apartado visual. Sorprenden los momentos en que, mientras alguno de los personajes está inspeccionando algún escenario y la cámara se mueve a ritmo lento, deteniéndose en los objetos inanimados, la música aumenta de decibelios y busca el efecto de un susto, meta que no se comparte en absoluto con el resto de elementos de la película.
Y lo más curioso es que, en otras ocasiones, “Hierro” sí tiene escenas de susto, de esas con repentinas apariciones en primer plano (ya sea un perro, un personaje…) y aumento de efectos sonoros. Obviaremos, eso sí, hablar de tensión (sostenida o no), pues un servidor no ha encontrado atisbo de ella por ningún lado.
En resumidas cuentas, con el debut de Gabe Ibáñez no estamos, seguramente, ante una de las peores películas de la presente edición del festival de Sitges, pero sí ante una de las más tristes, pues su única misión parece ser el ejemplificar una serie de males endémicos que padece el cine español, empeñado en agonizar artísticamente con tal de recuperar la inversión realizada por película.
No me cabe duda de que a “Hierro” le saldrá algún defensor, ni de que parte del público que la vea saldrá de las salas satisfecho, pero cualquiera que se detenga a pensar un poco en ella, corre el riesgo de acabar deprimido.
Para éste último, la cinta se aconseja solamente para ver a Elena Anaya en todo su esplendor.
3,5/10 Por cierto, ¿soy yo, o es que la fuente del título es muy parecida a la de "Brick"?
Crítica de "Expediente 39", por el Capitán Spaulding
"Expediente 39" supone, en general, un auténtico desconcierto. Ante todo porque es una de esas películas de fecha de estreno variable, que en España se adelanta hasta el 28 de agosto mientras que, sin ir más lejos, en los Estados Unidos aún no tiene definido su lanzamiento. Segundo, porque resulta totalmente imposible definir su género, su público objetivo, sus intenciones o su mera existencia: se trata de la enésima película con niña infernal en plan Damian, con nulo interés argumental y aún menor esfuerzo artístico, dirigida por un completo desconocido que no es que se empeñe por cambiar la situación, y que navega sin rumbo entre el drama, la opereta, el terror, el thriller, la denuncia social y la televisión de sobremesa.Y tercero y más importante, porque la protagoniza Renée Zellweger, lo cual ya de por sí es bastante turbador. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos por partes.
Hablar de "Case 39" es hacerlo de uno de esos productos que parece haberse auto-creado mediante algún tipo de programa informático: todo en ella, desde cualquier punto de vista, es un refrito de algo que ya hemos visto o leído como si de un collage de otros guiones se tratara, y además parece que se haya ido rodando sola, pues la cámara, la iluminación, el montaje... cada aspecto técnico parece haberse realizado con piloto automático, sin un solo plano que destaque por su personalidad o, como mínimo, calidad.
Aun peor que la total previsibilidad resulta su superficialidad, pues por mucho que parezca apuntar a varios discursos (desde la crítica social hacia los malos tratos a lo engañoso de las apariencias), a la hora de la verdad "Expediente 39" se queda en tierra de nadie, optando por la vía más facilona y resultadista de película de terror al uso.
Todo ello no hace sino irritar al espectador, que ve cómo los 110 minutazos de la obra podrían haberse resuelto tranquilamente en medio episodio de "Entre Fantasmas", y al final, de toda la propaganda comprometida sólo puede sacar en claro que hay que tener cuidado al recoger de la calle a un animal abandonado, no vaya a ser que salga rabioso.

A redondear el conjunto se ofrece la estelar presencia de la Zellweger. Como no podía ser de otro modo, Bridget Jones vuelve a dar a sus detractores motivos de sobra para encresparse, con una labor a medio camino entre la falsa contención y la histeria juvenil que acaba resultando en una bizarra transmutación, mezcla de personaje de "South Park" (la boca de la actriz se mueve libremente por la mitad inferior de su rostro) y muñeca de Famosa, de esas que según inclinan la cabeza abren o cierran los ojos (y es que Renée no mira, sospecha).
Conforme progresa la película no podemos dejar de preguntarnos qué habrá visto en ella el bueno de Bradley Cooper, actual pareja de la actriz, que por cierto, tiene reservado un pequeño papel con la única escena graciosa de la película.
Tan sólo queda por valorar la parte final de la película, que tras los interminables y soporíferos 100 minutos anteriores confirma la total falta de pies y cabeza de su conjunto. Se trata de una resolución en la que todo se sale definitivamente de madre, un esfuerzo innecesario e infructuoso por querer ¿atemorizar? ¿sorprender? al espectador mediante un compendio de efectos especiales y escenas de acción -el sonido aumenta aquí sus decibelios- tan torpes como faltas de gancho y, a fin de cuentas, del todo ridículas... huelga decir que sus objetivos quedan años luz de ser alcanzados.

"Expediente 39" es un auténtico despropósito, una película de nulo interés cinematográfico que debería pasarlas canutas para poder estrenarse directamente en televisión, en vez de recibir la gloria de poderse ver en las pantallas de todo el mundo.
Con una sola escena mínimamente digna de mención -aunque tan torpe y falta de originalidad como el resto de la cinta-, si sirven para algo su ¡110! minutos es para demostrar lo lejos que han quedado los días dorados de Renée Zellweger, actriz mortificante que se ve superada por todos y cada uno de sus compañeros, en especial si se la compara con la perturbadora y jovencísima Jodelle Ferland.
El resto es tan dañino que puede llegar incluso a herir los sentimientos de los espectadores más teleadictos: en la escena final, con momentos muy similares al capítulo "Walk On Water" de "Anatomía de Grey", comprobarán destrozados lo mucho que se parece la protagonista a Ellen Pompeo (Meredith en la serie, y antiguo mito erótico para muchos de sus seguidores). Terrorífico, ¿verdad?
2/10
P.D. Nótese la sutil variación en la traducción al castellano: ¿buscamos atraer a más público condicionando su subconsciente? Por si acaso, a todos los fans de "Expediente X"... ¡no se dejen embaucar!
Crítica de "La Sombra del Poder", por el Capitán Spaulding
Ya sea gordo, flaco, haciendo de gladiador o padre de familia, Russell Crowe es a día de hoy uno de los mejores actores del estrellato americano (si no el que más). Su sola presencia en el reparto de cualquier película ya justifica su visionado, y si encima está especialmente inspirado, no se puede sino rendirse a la evidencia y ovacionar al neozelandés merecedor de mucho más reconocimiento del que lleva hasta ahora.Su poderío interpretativo es tal, que en ocasiones como la que nos ocupa, es incluso capaz de contagiar algo de su buen hacer al resto de compañeros: ahí está Ben Affleck en su trabajo más convincente que uno recuerda.
Si esta razón no es lo suficientemente convincente para el visionado de "La Sombra del Poder" (horrorosa traducción castellana que induce a la confusión vistos los próximos estrenos) que no salten las alarmas; no es ni mucho menos el único punto fuerte de esta sensacional película que quizás no sea excelente, pero sí raya a un nivel altísimo a lo largo de sus dos horas largas de duración. Y eso, en los días que corren, es una gran proeza.
Basada en una miniserie homónima de la BBC (que por cierto saldrá en breve a la venta por aquí), "State of Play" se centra en la figura de Cal McCaffrey (Crowe), un periodista de Washington que se ve envuelto en una trama de asesinatos sin aparente conexión pero que no tardan en vincularse al congresista Stephen Collins (Affleck). Debido a la amistad que los une, el periodista seguirá la pista de los asesinatos con la ayuda de su compañera Della (Rachel McAdams) y las presiones de su jefa (Helen Mirren), descubriendo un juego de engaños y mentiras de proporciones tan grandes como peligrosas...

Ciertamente, a los artífices del éxito cabe buscarlos en diversos niveles de la cinta más allá del apartado del reparto (aunque quizás éste siga siendo el más importante).
Primero, debe destacarse la labor de sus tres guionistas expertos en materia: nada menos que el Billy Ray de "El Precio de la Verdad", el Matthew Michael Carnahan de "Leones por Corderos", y el Tony Gilroy de la saga de Bourne.
Juntos logran la difícil tarea de recortar seis horas de serie en dos de película, bordando un trabajo compacto, creíble y ascendente que no brilla por su originalidad pero desde luego sí por su exposición y tratamiento, maquillando a base de profundización y apuesta por seriedad los innumerables lugares comunes en los que inevitablemente cae. Y es que cada vez resulta más difícil ver un thriller político/policíaco original.
El otro gran triunfador del cotarro es su director, Kevin MacDonald ("El Último Rey de Escocia"). Desde la más absoluta sobriedad y sin un atisbo de precipitación salvo quizás en su tramo final , MacDonald mantiene en todo momento viva la atención pese a su ritmo de carácter cachazudo, logrando que la espectacularidad surja de los diálogos y los descubrimientos, las revelaciones y el devenir lógico de la situación. Demostrada su facilidad para los (aparentes) tiempos muertos, el cineasta escocés es capaz de intercalar determinados segmentos más activos, tan escasos como igualmente logrados por su conexión con el desasosegado espectador.

Todos ellos (y otros, entre los que destaca la estelar y desternillante aparición de Jason Bateman) logran que "La Sombra del Poder" se convierta en un notable thriller de brillantes diálogos y mejores actores, al que tan solo se le podría reprochar un twist final que no sólo peca de precipitado, sino de un peliculerismo un punto innecesaria dada la personalidad de lo visto hasta el momento.
Aunque eso no evita que la película sea tan espectacular como intensa y, no nos olvidemos, preocupante, pues más de uno se preguntará qué de cierto hay en toda esa trama casualmente similar a la de la actual temporada de "24". Y ya se sabe que tanto va el cántaro a la fuente...
8/10 (es que Russell Crowe lo hace muy, muy bien)
Crítica de "The International: Dinero en la Sombra", por el capitán Spaulding
Tan sólo una semana después del estreno de “La Sombra del Poder” llega a nuestras carteleras “The International: Dinero en la Sombra”, película protagonizada por Clive Owen (en lugar de Russell Crowe) y Naomi Watts (en lugar de… Ben Affleck) y dirigida por Tom Tykwer. Por si sus títulos traducidos no fueran lo suficientemente similares, ambas películas cuentan con carteles prácticamente idénticos y se engloban (si bien sus argumentos distan mucho de parecerse entre sí) en el mismo género de intrigas políticas. ¿Se tratará de una artimaña de Sony para inducir al engaño y colar su propuesta en lugar de la (a todas luces superior) “La Sombra del Poder”?Teorías conspirativas a parte, lo cierto es que la nueva propuesta de Tykwer (“El Perfume”) se antoja como una decepción a medias (o viceversa), contando con elementos de auténtica genialidad cinematográfica entremezclados con otros de telefilm barato que acaban relegando a “The International” a la cada vez más concurrida liga de películas olvidables aunque no por ello desdeñable. Por partes.
Con un guión a cargo del debutante Eric Singer, la película se abre prácticamente como todo thriller político: a través de pequeñas piezas de puzzle el espectador va reconstruyendo a grandes trazos la trama, que todos sus responsables parecen empeñados en complicarla todo lo posible.
Sabemos que hay un banco que realiza operaciones de dudosa legalidad, y que dos agentes de la INTERPOL, Owen y Watts, pretenden detenerlo a toda costa, poniendo en peligro sus propias vidas.
Tan apasionante (o como mínimo explotable) introducción da paso a un devenir de lo más confuso a base de fugaces viajes por todo el mundo (Milán, Luxemburgo, Nueva York, Turquía) que intenta ocultar la triste realidad detrás de todo ello, sospechable harto antes de su oficial revelación. Esta no es otra que, en realidad, su mensaje es de lo más simplón y vulgar: la enésima crítica a las multinacionales, la corrupción de los altos fueros de la sociedad, o como demonios quieran llamarla.
Y aunque tal pecado es casi el único que realmente se le puede achacar, como puede imaginarse resulta más que suficiente para condenar a “The International” a la hoguera del olvido (cuando no del odio). Lo cual no deja de ser una pena, ya que el esfuerzo al que hacíamos referencia realizado para disimular tales sensaciones es encomiable.

Sería, por tanto, de lo más injusto condenar enteramente una producción tan cuidada en ciertos aspectos y capaz de regalar escenas y escenarios sorprendentes.
Y es que como si de un juego de tira y afloja se tratara, dando una de cal y otra de arena, a cada momento dudoso se corresponde otro completamente convincente. Así, tras una resolución de pañolada suele aparecer algún discurso esperanzador o puesta en escena espectacular (¡cuánto bien hacen las ambientaciones más allá de lo USA!); un personaje desastroso se liga a otro bastante más completo y mejor delineado (Naomi Watts como mujer florero versus Clive Owen de pseudo-007 atormentado); y a cada momento ridículo le sucede un secuencia inolvidable.
En este último apartado merece la pena detenerse. En el momento de máximo congenio entre espectador y película, ésta ofrece sin duda uno de sus mejores momentos y de toda cinta de acción vista en los últimos tiempos, traducida en una larga secuencia de persecución y tiroteo en los interiores del Guggenheim. Su visionado bien justifica el resto de las casi dos horas de metraje.
Lamentablemente, ese es el punto de inflexión que origina el comienzo de la caída, una bajada paulatina de interés por la que nada puede hacer el esforzado y convincente protagonista (¿cuándo le darán a Clive Owen una película digna de su potencial?) perdido en un mar de relajamiento con su director a la cabeza.
La falta de garra de su resolución, su simplicidad y sus anticlimáticas sensaciones dejan al espectador con un amargo regustillo, consciente del gran engaño que, a fin de cuentas, ha supuesto este “Dinero en la Sombra”, pero a sabiendas de haber asistido a un gran artificio visual.
Aconsejable a medias.
5,5/10
PD. Gran decisión la de contratar a actores de cada país al que van (en su mayoría al menos), en lugar de fichar a americanos para que simulen acentos extranjeros.
Frozen River (Río Helado)
Ray Eddy está a punto de comprar la casa de sus sueños para su pequeña familia. De pronto su marido, gran aficionado a las apuestas, huye con el dinero y deja a Ray arruinada y sola con los niños. Mientras trata de encontrar a su marido, conoce a Lila, una chica mohawk que le propone una manera de ganar dinero fácil. El plan es arriesgado; pasar inmigrantes ilegalmente por el helado río Saint Lawrence, con patrullas fronterizas en las dos orillas. La desesperación por ganar dinero empuja a Ray a aceptar la oferta: ella conducirá el coche y se repartirán las ganancias...Tras el título de "Frozen River" se esconde el debut de Courtney Hunt, directora y guionista cuyo trabajo ha sido reconocido con una nominación a los Oscar de la presente edición del certamen, lo cual no deja de ser muy significativo teniendo en cuenta tanto la poca repercusión del film como el pedigrí de sus competidores. Para más inri, confirma las sospechas que su actriz protagonista, la semidesconocida Melissa Leo, se haya colado entre las cinco favoritas a hacerse con el mencionado galardón.
Viendo estas cartas sobre la mesa, no hace falta ser demasiado despierto para saber que nos encontramos ante un producto encomiable, de calidad cercana incluso a trabajos recientes de directores de mucho mayor renombre.
Con una duración de apenas una hora y media, son pocos los minutos que necesita "Frozen River" para calar en el espectador. Si apenas tiempo para los títulos de crédito, Hunt nos coloca de lleno en materia, presentando la difícil situación por la que pasa Ray, madre de dos hijos que apenas tiene dinero para pagarles el desayuno y que poco a poco se va viendo ahogada en facturas impagadas y amenazas de embargo.
A partir de ese momento arranca un intenso drama gélido y sin apenas concesiones, en el que la bola de nieve en que parece atraparse la protagonista no deja de crecer a velocidades de escándalo sin que ella misma sea capaz de ponerle freno.

A través de un discurso directo y sin finuras de ningún tipo, "Frozen River" va desarrollándose variando su vestimenta y adquiriendo no pocos detalles factores comunes del thriller menos amanerado, adquiriendo una potencia pareja a la de, por citar un ejemplo, Soderbergh y su experimento "Bubble".
De esta manera, Hunt compone un discurso que se mueve entre la preocupación a cerca del futuro dudoso de la protagonista y, a nivel más global, de la situación de los inmigrantes ilegales y el tráfico de seres humanos. Y lo hace mediante un devenir de acontecimientos frío y distante, aparentemente sosegado pero de una precipitación que llega a agobiar por momentos, en el que cada cruce en coche por las congeladas aguas del río helado empequeñece un poco más el corazón del espectador.
Por supuesto, la labor de Melissa Leo (así como la de los demás actores que la rodean) se antojaba fundamental para darle ese ápice de credibilidad y realismo necesario, y consciente de ello, la actriz se trabaja a fondo su personaje hasta dotarlo de una naturalidad que bien merece el reconocimiento que lleva acaparado hasta ahora. Ray Eddie aparece igual de creíble tanto cuando trata con los delincuentes con los que se asocia como cuando está en casa y debe enfrentarse a sus dos hijos, uno de los cuales no ha aceptado el abandono de su padre (y el otro es demasiado pequeño para enterarse de nada).
Así pues, un servidor se ve incapaz de atisbar un futuro comercial a "Frozen River" por su austeridad de medios y la dificultad de su temática, pero de llegar a las carteleras de por aquí (a lo que ayudaría bastante alguno de los Oscar a los que opta, y visto lo visto debería ser favorita en ambos) recomienda encarecidamente su visionado a todo aquél que busque algo más que meros fuegos de artificio en el cine del otro lado del gran charco.
Inteligente, sutil, emocionante y demoledora, "Frozen River" supone una excelente carta de presentación para la directora y para la actriz, a la que veremos la próxima adaptación de Paulo Coelho al cine, "Verónica Decide Morir".
8/10
Dorothy
Jane Morton es una psiquiatra que acaba de aterrizar en una apartada isla de Irlanda para tratar a una niña de quince años. Acusada de intento de homicidio, Dorothy, la niña, muestra evidentes síntomas de locura y no parece recordar nada de lo sucedido...Hay veces en las que el pobre espectador, deseoso de consumir cine de terror de calidad, se adentra en una sala movido por la carta de presentación de la película proyectada. La temeridad de tal acción, cual héroe que se atreve con los manjares más extravagantes obteniendo inauditos sabores para su paladar, le puede acarrear la mayor de las alegrías: disfrutar de dos horas de inesperadas sensaciones, exponencialmente ampliadas debido a la percepción de descubrimiento personal no inducido.
Sin embargo, así como a aquél degustador puede indigestársele el manjar, convirtiéndose en la mayor de sus pesadillas, nuestro querido espectador corre el riesgo de acabar cerebral y anímicamente envenenado, si lo que va a ser es un despropósito tan grande como el que nos ocupa.
Empecemos por el principio, las credenciales con las que contaba esta "Dorothy" que pudo verse en el pasado festival de cine de Catlunya.
Dirigida y escrita por Agnès Merlet, cineasta gala de gran reputación en su tierra y que retoma su carrera tras once años de silencio (que por algo será, digo yo...) la película es una co-producción entre Francia y el Reino Unido, tierras de maravillas y oportunidades, últimamente en boca de todos los aficionados del género fantástico por suponer las dos principales fuentes de descubrimiento de nuevos (y deslumbrantes) talentos.
Por si ese no fuera ya de por sí suficiente motivo para sentir cierta curiosidad y depositar algo de esperanza en ella, ahí está la trama, una demoníaca historia de supuestas posesiones, desdoblamientos de personalidad y rechazo social, todo ello bañado en un lago (charco fangoso, más bien) de intimismo, cotidianidad y plausibilidad.
Y encima protagonizada por una niña (Jenn Murray) muy muy blanca, malencarada y tirando a feucha, y por lo tanto realmente aterradora.
Toda una acumulación de ingredientes ideal para pasar un mal rato durante poco más de 100 minutos, el no vas más para el espectador que busque sensaciones prometidas demasiadas veces pero rara vez cumplidas.

Para añadir más leña al fuego, cabe reconocer que los primeros, primerísimos compases de "Dorothy" no dejan de tener su miga, gracias a la ambientación triste, gris y opresiva de Irlanda en que se ubica una historia que, como decíamos, augura cierto interés.
Pero, ay, mucho me temo que ahí acaba todo.
La película de Merlet no es más que un compendio de desaciertos, meramente desafortunados en ocasiones, imperdonables y hasta sonrojantes en otras.
Tras los mencionados primeros y prometedores minutos, el interés por parte del espectador no tarda en desaparecer a velocidad inversamente proporcional al tedioso ritmo del film, que comienza a divagar y dar vueltas sobre sí mismo sin sacar nada en claro sobre los personajes, los acontecimientos, o la verdad oculta tras la aparente posesión de la niña protagonista.
Y es que en vez de pensar en ir atando cabos, el guión parece empeñado única y exclusivamente en tratar de engañar vilmente al espectador, hazaña que seguramente habría logrado de haber sido escrito hace un siglo, cuando aún no se sabía muy bien de qué iba todo esto del cine.
Así, “Dorothy” pretende llevar de la mano hacia determinados derroteros, obligando a los presentes a intentar adelantarse a ellos para luego hacerles caer en el error y recapacitar sobre lo visto. El problema radica en que para llevar a buen puerto tan arriesgada estrategia, el producto ofrecido debe reunir una serie de requisitos, atributos, que bien pocos son capaces de conseguir, tales como inteligencia, innovación, imaginación, o terror. Lo lograron Shyamalan con sus seis sentidos, o Singer con "Sospechosos Habituales". Merlet naufraga sin remisión.
Y se hunde en la miseria porque ni su argumento es tan imprevisible, ni su tratamiento inteligente, ni su desarrollo mínimamente interesante.
Para rematar la faena, contagiada por el propio escenario natural la directora no logra en ningún momento salir de un estado de mortal apatía, excesivamente palpable a todos los niveles y traducido en momentos de auténtico desespero para un espectador que contempla como cada minuto transcurre a velocidad ralentizada, echándose a perder sin remisión.

Peor aún es la sensación de tomadura de pelo que va asomando la cabeza aquí y allá a lo largo de todo el metraje de "Dorothy". Pasajes justificados mediante risibles excusas, como el uso de pelucas para intentar ocultar la identidad de algún protagonista (no entro más en el tema por no desvelar nada, en el caso de que alguien se atreva a verla), o un final realmente ridículo y pretendidamente turbador, acaban por mermar en exceso la paciencia de los pocos espectadores que aguanten hasta la entrada de unos títulos finales deseados como pocas veces.
Aunque cabe reconocerle apartadísimos momentos de escasa lucidez más allá de su (meramente) correcta presentación, lo cierto es que "Dorothy" no merece ni el esfuerzo de ser tomada en consideración como opción válida para pasar una tarde/noche en el cine (en caso de que llegue a ver la luz en salas). Aburrida, pretenciosa y pedante, la propuesta de Agnès Merlet satisfará únicamente a los fanáticos de niños endemoniados (o no), o a los que la tomen como excusa para darse el lote.
3,5/10
The Chaser
Protagonizada por Jung-woo Ha y Yun-seok Kim, dos actores reconocidos aunque más bien alejados de la categoría de estrellas, la trama se centra en Joong-ho, un antiguo detective convertido en proxeneta con problemas financieros ya que varias de sus chicas recientemente han desaparecido. Al tratar de rastrearlas, descubre que todas sus chicas han sido reclutadas por un cliente que esconde una oscura obsesión, al que deberá dar caza lo antes posible para rescatar a sus empleadas…
Trepidante y arrebatador se descubre desde sus primeros compases este thriller, que ha resultado ser una de las sorpresas más agradables del festival de Sitges ’08.
Tomando infinidad de referencias de aquí y de allá, “The Chaser” adopta diversas formas a lo largo de sus dos horas de duración, impidiendo que el espectador se acomode en un único género (o más bien espíritu) y variando constantemente su ritmo entre investigaciones, persecuciones y retratos de unos personajes lo suficientemente cuidados como para resultar carismáticos e identificables.
Aunque de los muchos films que pueden reconocerse de manera más o menos consciente, Hong-jin Na se debe principalmente a “Seven”, “El Silencio de los Corderos” y “Memories of a Murder”, añadiendo a la fórmula pasajes trepidantes que bien podrían definirle como la respuesta coreana a Paul Greengrass.
Y es que si bien es cierto que su título puede inducir al engaño llevando a pensar en una suerte de remake de “El Ultimátum de Bourne”, no lo es menos que “The Chaser” mantiene al espectador en constante tensión, introduciéndolo en una espiral de fuga y persecución que aunque a la hora de la verdad sólo contenga un par o tres secuencias de acción propiamente dichas (de las que hablaremos a continuación), le da la sensación de tener en su propio cuello el aliento del perseguidor (por mucho que éste sea el protagonista positivo a la caza de un criminal).
Mención especial merecen las escenas recién aludidas, largas y sustanciosas carreras sin tregua ni tiempo que perder en recobrar el aliento, en las que el director se muestra como un auténtico especialista logrando momentos de una factura técnica y artística literalmente apabullante.
Durante esos pasajes, la película se agiliza de manera inaudita, cobrando un ritmo trepidante sin por que por ello se recurra a montajes efectistas propios del cine comercial occidental, y por tanto manteniendo esa aura de calidad visual presente en todo momento.
Así, “The Chaser” se antoja tan liviana y atractiva en su forma como densa y completa en su fondo. Sin la presencia de buenos absolutos y sí de malos infernales, el posicionamiento por parte del espectador nunca acaba de resultar totalmente cómodo, algo que el director apuntilla con la composición de momentos de una violencia realmente cruda e inhumana.
Netamente dividida en dos bloques argumentales, la cinta es una montaña de maldad con la salvaje falta de escrúpulos de su antagonista como cima y la mera descripción del personaje principal de base. Es éste último el que se ve obligado a escalarla en busca de tan contrapuestos motivos como la venganza, el propio beneficio económico, y la redención de su conciencia, removida por las condiciones en las que explota a sus chicas y las condena (caso de la que da comienzo a la investigación/persecución) a terribles e inesperados martirios.
El único punto débil de Hong-jin Na reside precisamente en la simplificación de conceptos, traducida en la repentina aparición de un infante cuya finalidad reside únicamente en azucarar en medida de lo posible el devenir de acontecimientos que poco a poco va tomando el film.
Pero se trata de un mal ínfimo que apenas empaña las más que notables percepciones de un film fascinante y cautivador desde el primer minuto.
Altamente recomendable.
8/10
Transsiberian
Tras una temporada en Pekín, Jessie (Emily Mortimer) y Roy (Woody Harrelson) viajan en el famoso ferrocarril que une la Rusia europea con las provincias del lejano Oriente ruso, Mongolia y China. En él conocen a una misteriosa pareja formada por una joven americana (Kate Mara) y Carlos (Eduardo Noriega), un hombre misterioso de nacionalidad española. La relación entre los cuatro se enrarece al tiempo que se entremete en sus vidas Ilan Grinko (Ben Kingsley), un detective tras la pista de un importante alijo de droga…Fiel a sus nuevas costumbres, adoptadas desde hace ya ocho años cuando, tras hacer sus pinitos con el cine indie romántico (“Próxima Parada, Wonderland”), sorprendió a su público con la reivindicable “Session 9”, Brad Anderson co-escribe y dirige un thriller en estado puro en el que el desasosiego (y puntualmente, el terror) surge de manera casi subconsciente a través de su gélida realización y de la delineación de unos personajes que ocultan más de lo que muestran.
Amante de los lugares desangelados y sombríos, el aparentemente apático director se aprovecha notablemente de la localización geográfica de “Transsiberian” (que fue rodada en Lituania según leo en Imdb) para construir una película en la que, justamente, los escenarios son tan o más protagonista que los propios actores, a los que ayudan a potenciar esa sensación de lejanía e inseguridad que desprenden en todo momento, sus actos, sus mentiras, o sus miradas.
Tal voluntad de inquietar al espectador queda por tanto sobradamente recompensada, hasta tal punto que por mucho que en su primer tercio de metraje parezca no ocurrir nada excesivamente extraño, éste dude en todo momento de la sinceridad de los personajes, anticipando que algo anda oculto tras (casi) todos ellos.
Así, Anderson se toma la libertad de presentar “Transsiberian” como un drama de relaciones en (des)construcción, y de hecho esa es la temática que, prólogo a parte, ocupa los primeros 40 minutos del film.
Se trata de una primera parte de tiempo más bien sosegado, una película casi actoral que va acelerando gradualmente hasta que un acontecimiento que no será desvelado en estas líneas provoca una avalancha de mentiras, engaños y persecuciones que se va acrecentando hasta culminar en una vertiginosa conclusión que abarca el último tercio del film, maquillándolo de auténtico cine de terror.
Queda por tanto clara la intención del director de crear un thriller que sea a su vez un análisis concienzudo de sus personajes, teniendo en Jessie el pilar central sobre el cual se mueve toda la trama. Ello es posible gracias a la notable actuación de Emily Mortimer, capaz de cargar con todo el peso del film y otorgarle a su personaje toda la profundidad y pesadumbre necesarias.
Sin embargo, a su lado el resto de personajes no acaba de cuajar de la misma manera, quedando el film algo descompensado en este sentido, debido a las limitaciones de alguno de los actores que componen el (por otra parte, atractivo) reparto.
Con todo, la película se convierte en una propuesta sumamente interesante, un film muy en la línea del "Surveillance" de Jennifer Lynch que atrapa y hiela al espectador gracias a la apuesta por no precipitar acontecimientos, que logra hacerlo conectar de manera mucho más profunda con los personajes.
Se le pueden achacar ciertos errores, principalmente en forma de puntuales bajones rítmicos o ese tufillo a moralina final, pero no evitan que su visionado inquiete del primer al último minuto, descubriéndose como uno de los mejores trabajos de un director aún por descubrir y recibir el reconocimiento que merece.
7,5/10
Martyrs
Si en el pasado festival de Sitges la polémica fue creada por un film francés publicitado como la película más gore de los últimos 10 años, la maravillosa "À l'Intérieur", en este 2008 la encargada de recoger el legado ha sido la también gala (no por casualidad) "Martyrs", segunda película de Pascal Laugier tras "El Internado", que el propio director se encargó de presentar como una cinta que pretende ‘hacer que el espectador pierda la moralidad’ con una historia de venganza y tortura que se antoja ‘dura e injusta’ bajo cualquier punto de vista.Dividida en dos grandes bloques argumentales, “Martyrs” comienza con el acoso a una familia de clase media-alta por parte de Lucie, que armada con una escopeta clama justicia por las terribles vejaciones a las que fue expuesta de niña. Ayudada por su amiga Ana, con quien entabla una relación en la institución en la que son hospitalizadas ambas tras los maltratos recibidos, Lucie no dudará en llegar hasta donde haga falta para lograr su objetivo (léase venganza, léase paz interior).
Por la brutalidad de los sucesos que se dan en este arco (que ocupa más de la mitad del metraje), el film no tarda en incomodar de sobremanera al espectador tanto por lo gratuito de las acciones que llevan a cabo las protagonistas (con las que al fin y al cabo se ve obligado a simpatizar), como por la manera en la que son visualizadas, sumamente explícita y detallista, y con un gran esfuerzo productivo que logra un realismo casi inesperado (aunque por otra parte, exigido) apreciable gracias a la sobria dirección de un Laugier empeñado en aguantar escenas más allá de lo soportable.
No es exagerado decir que se trata de minutos literalmente terribles, y que pueden llegar a afectar la sensibilidad del público por muy predispuesto que sea.
Si hacemos caso a las palabras del propio Laugier, el guión surgió justamente a partir de este salvaje ataque, y fue después cuando se empezó a pensar en el por qué del mismo, llevando a ese giro argumental que ocupa la parte final de la cinta. Por consiguiente, eso sólo puede significar que estamos hablando de los minutos mejor logrados, en los que realmente se convierte a la película en la más brutal que ha pasado por el festival (y por las salas en general) en mucho tiempo. Y es que en el fondo, y por mucha sangre que escupa la pantalla, se trata de una violencia más conceptual que física, que podría paragonarse si acaso a la aclamada obra de Michael Haneke, con la que guarda más de un parecido razonable.

Sin embargo, curiosamente (o no) es el segundo hilo narrativo el que ha dado mayor pie a polémicas, confrontaciones, y a fin de cuentas atracción morbosa.
Sin ánimo de desvelar nada, sabrá el lector que en él se encuentran los famosos veinte minutos de tortura continuada y sin pausa de una pobre chica inocente; aquellos que justifican las ambulancias a la salida de los cines de proyección, que provocan vómitos y desmayos entre el público, etc.
Pues bien, tal vez porque un servidor iba excesivamente preparado para ello, o tal vez por el extravagante y a todas luces excesivo twist argumental que emprende el film, lo cierto es que dichos momentos componen la parte menos lograda del mismo.
Descafeinada y repetitiva (aunque impecablemente creada a todos los niveles, por supuesto), la famosa tortura acaba revelándose toda una decepción para el aficionado al gore y a lo extremo, así como un bajón rítmico importante al no suponer progreso alguno ni para la trama ni para la evolución de los personajes. Lejos de querer rizar el rizo, y como queriendo no sobrepasar la barrera de lo realmente arriesgado, “Martyrs” se estanca aquí en una repetición de conceptos fundida con un entramado de lo más surrealista que le resta toda credibilidad y personalidad al conjunto, que pasa de una intimista y casi cotidiana historia de horror a una grandilocuencia pretendidamente reveladora que no hace sino alejar al espectador sin remisión.
Y tal vez el fallo de Laugier (que por si no lo he dicho antes, dirige y escribe el guión) resida en el esfuerzo por haber querido dotar de demasiada verosimilitud al dichoso maltrato, mientras que la trama iba tomando derroteros más propensos al gore más gonzo, desenfadado y pasado de vueltas.
Afortunadamente, la cosa mejora hacia la conclusión de la tortura, y al decir que mejora quiero decir que sube la potencia de sus escenas hasta límites realmente sobrecogedores (avisado queda el lector), aunque si hay algo que de verdad destaca en su segunda mitad es la aparición de una inesperada víctima más, una pobre chica totalmente demacrada que protagoniza la más carnal de las situaciones, y por carnal no me refiero precisamente a sensual...

En resumen, si bien nos encontramos ante una relativa decepción en relación a las expectativas creadas a su alrededor, no cabe duda de que "Martyrs" es un más que correcto thriller que cumple sobradamente su objetivo de abrir un frente de batalla de polémicas y controversias, y por encima de ello logra ser un entretenimiento sumamente estudiado y conseguido pese a su decepcionante segunda mitad.
Bien dirigida, bien hecha, y sobretodo muy bien interpretada, supone una correcta continuación (que no brillante) de ese peculiar ciclo de terror femenino proveniente del cine francés.
Lo que curiosamente se le echa en cara es justamente aquello de lo que tanto alardea: que no contenga tanta, tanta, tanta mala leche como nos habían prometido. Y es que ya se sabe, no está bien vender la piel del oso...
6,5/10
Surveillance
"Surveillance", segunda película de Jennifer Lynch tras "Boxing Helena", ha logrado alzarse como sorprendente (por injusta) ganadora del Festival Internacional de Cine de Sitges 2008.No se puede negar la intachable calidad del film de la hijísima, que llega quince años después de su desafortunado debut tras las cámaras. Con "Surveillance", Lynch se sube al tren de los thrillers policíacos, al que se aproxima alejada de grandilocuencias efectistas y más bien centrándose en la evolución de los personajes que pululan por el film, todos ellos peones de un juego de rompecabezas en el que nada es lo que parece y nadie merece lanzar la primera piedra.
Con un ritmo necesariamente sosegado, los Lynch (pues el padre aparece como productor ejecutivo) logran crear una atmósfera opresiva, sudorosa y malsana, en la que la aparentemente llana investigación policial poco a poco se va desvirtuando hasta convertirse en un minucioso análisis de los actos y personalidades de unos personajes sacados de la América profunda y más bien propios del American Gothic (no por nada os asesinos llevan unas máscaras para tapar sus rostros muy similares a la de Leatherface).
Así, el espectador comienza a incomodarse paulatinamente al no poder congeniar con ninguna de las víctimas, pues mientras relatan sus versiones de los hechos, la directora muestra la realidad de los mismos, que dista mucho de lo narrado y demuestra que, al margen de la brutalidad a la que son sometidos (injusta se mire por donde se mire, claro está), bien merecían alguna clase de escarmiento.
La sensación de inseguridad se ve acrecentada además con la relativa (o total) previsibilidad del argumento, que contrariamente a lo normal, logra un efecto más que negativo en el espectador (y por tanto, positivo), que en el fondo desea un final menos incómodo.Aun sin atreverme a poner mi mano en el fuego, me atrevería a decir que ni a la propia directora (que es también la guionista, junto al ya mencionado Kent Harper) le importa demasiado que se sepa el final antes de tiempo, pues se trata de un elemento secundario, situado muy por debajo de la verdadera alma de "Surveillance", el ya citado desglose en clave cínica y crítica de los protagonistas.
Sin embargo, lógicamente, el hecho de que en apenas diez minutos se logre aventurar la conclusión del film le resta parte del encanto a una película técnicamente perfecta, pero carente de la suficiente fuerza, garra o sorpresa para desmarcarse como obra maestra.
Y es que a ello cabe sumarle un estilo sumamente deudor tanto de las obras maestras de David Lynch, con "Carretera Perdida" a la cabeza (actor principal incluido), como de las road movies y también, por qué no, de la nueva hornada de películas en clave american survival horror, como "Los Renegados del Diablo" o el remake de, precisamente, "La Matanza de Texas".
Por lo tanto, "Surveillance" es un film notable y hasta excelente en alguno de sus apartados, entre los que cabe incluir las sensacionales interpretaciones de los actores principales, Ormond y Pullman, un tándem estudiado y cuidadísimo que hiela la sangre. Sin embargo, su excesiva monotonía provoca una ligera sensación de estancamiento convertida en algún bajón rítmico debido a la repetición de alguno de pasajes (artísticos, que no argumentales) sin aportar elemento sorpresivo alguno.
Así y todo, se trata de un film interesante, atractivo, absorbente y demoledor, que confirma el (re)naciemiento de una directora con potencial, y que supone un chorro de agua helada para el espectador, lo cual nunca viene mal de vez en cuando.
7/10
Quemar Después de Leer
Que los hermanos Coen sean unos maestros de la comedia es algo que queda ampliamente demostrado a lo largo de toda su filmografía, de la que no hay una sola cinta que pueda tildarse de mala o aburrida (en todo caso menos lograda, como en el caso de “Los Ladykillers”).Ahora, tras su glorificada (y glorificable) “No es País para Viejos”, los Coen vuelven a sus andadas y presentan “Quemar Después de Leer”, una comedia (que según leí en alguna revista pretende cerrar su particular trilogía de la idiotez) que remite al espectador a las no menos gloriosas “Arizona Baby”, “Fargo” o “El Gran Lebowski”.
Ozzie Cox (John Malkovich) es un ex-agente de la CIA que está escribiendo sus memorias en las que relata toda su experiencia en la Agencia. El problema surge cuando su mujer (Tilda Swinton) le roba el CD en el que guarda toda la información y se lo deja accidentalmente en el gimnasio, lugar donde lo encuentran unos empleados sin escrúpulos (Brad Pitt y Frances McDormand) que intentan chantajear a Cox sin saber la que se les puede venir encima.
Hablar de “Burn Alter Reading” es hacerlo de una película tan brillante como hilarante, (y simplemente perfecta en más de un apartado).
Tras el (semi) paso en falso que supuso la ya mencionada “The Ladykillers”, Joel y Ethan han logrado recuperar su poderío humorístico, volviendo por sus fueros en más de un sentido.
Camuflada de una historia de agentes secretos, juegos de espías y McGuffins, “Quemar después de Leer” es una parodia desternillante y punzante de la sociedad (americana) actual y de alguna de sus organizaciones gubernamentales (vamos, la CIA), un sinsentido argumental absolutamente hilarante en la que se vuelve a percibir ese aroma de comedia clásica de la que los Coen han hecho gala en más de una ocasión (y a los más escépticos, que observen con detenimiento el cartel del film…).
Así, rodada de manera elegante y sobria, con planos de una belleza apabullante y otros de un frenetismo digno de “El Caso Bourne”, la película es una fusión de géneros y épocas llevada a cabo con una naturalidad y simplicidad tales como para no desconectar en ningún momento de lo que realmente importa a los hermanos, el argumento de su film y sus personajes. De este modo, el espectador se centra en tales elementos y no tarda en descubrir que el galimatías al que es sometido de sopetón no es más que una simple broma para justificar una comedia de enredos en que cada personaje es un mundo radicalmente opuesto al de sus semejantes. Sus intenciones son tan claras que a media película son los propios dirigentes de la CIA los que reconocen no entender nada de lo que está ocurriendo a su alrededor pese a que envuelva secretos de estado, rusos, y amenazas.
Con este panorama de fondo, como decía, el guión de “Quemar Después de Leer” es en realidad una descomposición de la sociedad a través de unos personajes realmente idiotas que se mueven por tan nobles causas como son la belleza corporal, el dinero, la venganza, la infidelidad, o la simple ignorancia.
Para que tan imbéciles protagonistas atraigan al público sin ofenderle en demasía (al fin y al cabo, no deja de ser una abierta crítica al mismo), y dejándose de experimentos extraños, los cineastas se han vuelto a rodear de un cartel de actores sobradamente efectivo, una garantía de seguridad que, en los casos de McDormand y George Clooney, ya había dado sus frutos con anterioridad, y que en esta ocasión se encuentra, en su totalidad, en estado de gracia.
Y de todo ellos, mención especial merece sin lugar a dudas Brad Pitt, que deleita con un papel tan aparentemente sencillo como sumamente trabajado para dar a su personaje una entereza realmente complicada de lograr dada su remarcada idiotez.Con todo ello, por consiguiente, “Quemar Después de Leer” logra con facilidad su objetivo (y requisito mínimo) de entretener y divertir hasta la carcajada, convirtiéndose en una brillante comedia, una máquina que funciona a las mil maravillas en todos y cada uno de sus engranajes. Convencerá, sorprenderá y agradará a partes iguales.
8,5/10
Asesinato Justo
Después de 30 años como compañeros, los condecorados detectives Turk (Robert De Niro) y Rooster (Al Pacino) se enfrentan a la jubilación, aunque ninguno de los dos está aún preparado para ello. Antes de que "cuelguen" sus placas son llamados para investigar el asesinato de un conocido proxeneta, que parece estar ligado a un caso resuelto por ellos en el pasado. Igual que en el crimen de entonces, la víctima es un presunto delincuente, y en el cuerpo se ha encontrado un poema de cuatro líneas que justifica el asesinato. Cuando los crímenes de presuntos criminales comienzan a sucederse, se ve con claridad que los detectives se enfrentan a un asesino en serie, cuyo objetivo son aquellos criminales que se han escabullido entre las grietas del sistema judicial. Su misión, al parecer, es hacer lo que la policía es incapaz de hacer, sacar a los culpables de las calles para siempre...Pacino y De Niro, dos de los actores más importantes de la historia del cine (actual), sólo habían trabajado juntos en dos ocasiones, "El Padrino: Parte II", y "Heat". Dados los excelentes resultados de tal colaboración (aunque recordemos que entre ambas películas suman 371 minutos y solo en cinco de ellos se les veía compartiendo plano), no eran pocos los que ansiaban un nuevo cartel con sus dos nombres impresos, acontecimiento que ocurre nada menos que trece años después de la obra maestra de Michael Mann, con "Asesinato Justo", thriller policíaco dirigido por el temible Jon Avnet ("88 Minutos").
Seguramente a estas alturas muchos habrán leído ya algo acerca de la decepción que finalmente ha supuesto el film que nos ocupa, por lo que más de uno, entre los que me incluyo, se acercará a ella con prejuicios y preparado a llevarse un gran chasco. Pues bien, digámoslo desde ya, esta es la única manera en la que puede verse esta decepcionante nueva muestra de lo poquito que Jon Avent sabe hacer tras las cámaras.
Y es que él solito, ayudado por un guión por debajo de lo esperado a cargo de Russell Gewirtz ("Plan Oculto"), es capaz de echar por tierra una propuesta de la que hubiera podido exprimirse mucho, mucho más jugo.
Huelga decir que su argumento, sin ser excesivamente original ni atrevido (¡nada más lejos!), no deja de ser atractivo teniendo en cuenta que, en el fondo, el cine policíaco siempre va a tener sus adeptos, y sus entramados argumentales plagados de asesinatos, pistas y teorías, siempre resultan más o menos interesantes.
Aquí, todo comienza con un vídeo a modo de confesión del personaje de Robert de Niro, constante que se irá intercalando con diversos flashbacks hasta llegar a descubrir si realmente las cosas son o no lo que parecen. Si el esperado giro final es previsible o no ya depende de la atención de cada espectador, pero seguramente no serán pocos los que dejen pasar algunas de las pistas que se van dejando para descubrir la solución.
El problema radica en que no se percibe esfuerzo alguno por querer romper algún esquema, por pequeño que sea, por lo que el guión de Gewirtz se limita al conformismo más absoluto y contemplativo, pasando por todos los lugares comunes del género y dejando rienda suelta al lucimiento de sus actores.

Por su parte, éstos no están ni mucho menos en plena forma, y conforme pasan los minutos el espectador no puede evitar recordar tiempos mejores, aquellos en los que ninguno de los dos se habían convertido en una caricatura de sí mismos. Así y todo, siguen siendo carismáticos e imponentes, y además parece que se lo hayan pasado pipa recitando juntos sus papeles hechos a medida, algo que el ritmo del film agradece y de qué manera en sus momentos más tediosos, en los que el guión parece atrancarse y no evolucionar ni en cuanto a la psique de los personajes, ni en cuanto al argumento en sí.
Deferente suerte corren sus compañeros de reparto, con John Leguizamo, Donny Wahlberg y Carla Gugino a la cabeza. Con todos los esfuerzos (sic) centrados en la correcta caracterización de los protagonistas, el resto de personajes son olvidados casi por completo, convirtiéndose en parodias, meros peleles en más de una ocasión sonrojantes, sensación acentuada con sus no menos desatinadas labores. Maldito el día en que el se pensó que los músicos eran capaces de actuar...
Al final, por tanto y pese a todo, el tándem sexagenario acaba convirtiéndose como cabía esperar en lo único verdaderamente destacable del film, pues si todo lo comentado hasta ahora ya parece apático de por sí, son minucias en comparación con la labor de Avnet.
Como ya hiciera con su anterior película, el director hace gala de sus limitaciones artísticas componiendo una película de sobremesa pura y dura. Escenas baratas, montajes vulgares y ni un solo plano con un mínimo de personalidad parecen ser parte de la filosofía de un director que no saldría del directo-a-vídeo de no ser porque, vaya usted a saber por qué, le une una extraña amistad con el actor de "Serpico", al que parece empeñado en retirar antes de tiempo.
Porque que nadie lo dude, de no ser por su cartel, esta película se emitiría como mucho un domingo por la tarde antes del fútbol. Ahora bien, ¿realmente están tan mal De Niro y Pacino como para verse obligados a participar en producciones así? Y más importante aún, ¿en serio no había ningún otro director al que asignarle el film?
4/10
The Cottage
"The Cottage" supone la segunda película de Paul Andrew Williams tras la inédita por aquí "London to Brighton". Para esta ocasión, cuenta con un reparto encabezado por Andy Serkis (el Gollum de "El Señor de los Anillos"), al que acompañan Reece Shearsmith y Jeninfer Ellison entre otros.Dos hermanos acaban de secuestrar a la hija de un mafioso con la esperanza de obtener una buena suma de dinero y reencaminar sus vidas. A su ineptitud manifiesta y continuas discusiones se les unirá la mala uva de una secuestrada de armas tomar, dos asesinos asiáticos enloquecidos y el monstruoso propietario de una granja cercana.
Desde el éxito inesperado que supuso "Zombies Party", película de culto donde las haya, muchos han buscado constantemente repetir la fórmula del éxito, convirtiendo un film de terror en una comedia de humor negro e irónico a medio camino entre la parodia, el homenaje y la crítica (social, cinematográfica, o personal).
Con "The Cottage", Williams pretende ir un pelo más allá, sumando a la receta una curiosa mezcla de géneros completamente atípica, de resultados algo menores de lo esperado, pero aún así más que sorprendente y por tanto bienvenida.
De hecho, su principal virtud es precisamente la imposibilidad de prever qué derroteros seguirá el film. Lo que comienza como una parodia de películas de secuestros y rescates ("Rescate" o incluso "Fargo", por citar un par de ejemplos) acaba variando paulatinamente hasta convertir su segundo bloque argumental en, y no sigan leyendo los que quieran reservarse la sorpresa, un splatter puro y duro, sumamente gore, que bebe de clásicos del American Gothic, "La Matanza de Texas" a la cabeza, y de no tan clásicos como "Km. 666" y "Los Renegados del Diablo".

Sin embargo, pese a que todo ello, por supuesto pasado por el filtro del humor más gamberro y excesivo, tenga su gracia (en especial para los amantes de los géneros tratados), "The Cottage" se encuentra a mucha distancia de la ya mencionada "Zombies Party", "Slither: la plaga" u "Ovejas Asesinas", todas ellas en una liga superior.
Y es que su empeño por querer demostrar la total falta de seriedad y pretensiones con que se planeta el producto, éste acaba cayendo en la total intrascendencia, limitándose a una broma, buena broma si se quiere, pero poco más.
La loable opción de Williams de no tomarse en serio a sí mismo acaba por, valga la redundancia, ser tomada demasiado en serio, por lo que el director y guionista desestima cualquier posibilidad de ofrecer algo más allá del mero entretenimiento, sin querer apuntillar en la crítica a ciertos lugares comunes del(los) género(s) y más bien cayendo en ellos en alguna que otra ocasión.
Con todo, a mi entender esta película debe ser considerada como una opción más que válida para una sesión en plan grindhouse (por ejemplo), en cuyo caso cumple a la perfección como entretenimiento fresco, inocuo y gamberro, de impecable (que no sorprendente) factura técnico-artística y sumamente divertido en sus diversas fases de humor, que van desde el sutil cinismo a la total barbaridad.
Destaca por encima de todo la banda sonora, de un estilo barroco y cachondo a lo Danny Elfman, con un desternillante usufructo de las notas de la Novena Sinfonía de Beethoven de lo más extravagante.
5,5/10
Los Extraños
Escrita y dirigida por el debutante Bryan Bertino, y protagonizada por Liv Tyler y Scott Speedman ("Underworld"), "Los Extraños" se ha convertido en uno de los sleepers del año, y ya cuenta con una segunda parte en pre-producción.Inspirada en hechos reales, la película explica el calvario por el que pasó una pareja de jóvenes al verse asaltados por tres enmascarados en mitad de la noche, en una casa de las afueras...
Más bien decepcionantes son las sensaciones que deja este thriller de terror, más al uso de lo que cabía esperar, de grandes pretensiones y escasos resultados.
Escrita de manera torpe y forzada, la película es un cúmulo de clichés del cine horror-teen en que sus protagonistas, rematadamente estúpidos, parecen ser los primeros en querer morir a manos de sus atacantes. Prácticamente todo resulta previsible (salvo la decisión final) en una trama sinsentido que comienza de la nada y concluye exactamente en el mismo lugar, sin nada que explicar más allá de la supuesta agresión (completamente inventada, puesto que lo único inspirado en hechos reales son las pruebas que se hallaron tras el mismo).
No pongo en duda que Bertino sea un gran seguidor del cine de terror de ayer y de hoy, y de hecho tal vez por ello, en lugar de tratar de innovar con su opera prima, haya optado por un guión y puesta en escena tan manidos, como si su objetivo hubiera sido hacer de todo un homenaje a los grandes del género. Pero se tiene que ser muy ducho para alcanzar esa meta sin caer en el plagio y la repetición, y lamentablemente, en esto último acaba quedando "Los Extraños". ¿O es que tal vez no daba más de sí la imaginación del debutante cineasta?
Sea como fuere, el caso es que resulta inevitable ver esta película y no reconocer constantemente fotocopias (visuales o argumentales) de "La Matanza de Texas", "Scream", "Los Renegados del Diablo", "Ellos (Ils)" o incluso (y sobretodo) "Funny Games".
Y es que la cinta no es más que eso, un mix descarado y no demasiado afortunado de todas ellas, pasado eso sí por un endulzamiento excesivo (digno de los tiempos que corren) que lleva a no mostrar prácticamente ningún tipo de violencia en pantalla, porque de hecho, apenas pasa nada en los escasos (aunque excesivos) 90 minutos del film.

Esto último no debería en principio suponer problema alguno, muchas veces en lo implícito reside el verdadero miedo, pero es justamente ésta la asignatura pendiente y más imperdonable del film: no asusta en ningún momento.
Por mucho que se intente por activa y por pasiva, la película logra a lo sumo crear una atmósfera algo intranquilizadora, gracias a los recursos ya vistos en las anteriormente mencionadas obras maestras de terror, a una fotografía cruda y oscura, y a la frialdad de sus personajes protagonistas.
Sin embargo, dicho ambiente enrarecido no acaba de culminar nunca en el esperado momento de terror, debido al equivocado abuso (ya más que agotado a día de hoy) de la subida de decibelios de gritos, golpes y música, algo que Bertino se empeña en repetir una y otra vez logrando justamente el efecto contrario, la pérdida total de tensión en favor de una sensación de indiferencia y un molesto pitido en los oídos. Aunque por supuesto, gran parte de la culpa también pueda deberse a una banda sonora completamente equivocada, que busca protagonismo constantemente queriendo emular las partituras de clásicos de años pasados.
De hecho, la única escena donde cambia de estrategia, en la que mientras el personaje de Liv Tyler deambula por una habitación aparece al fondo de la pantalla uno de los asaltadores enmascarados, en absoluto silencio y pétreo acecho, es tal vez la más arriesgada, personal y terrorífica de todas.
Con todo, cabe reconocer que la película no resulta demasiado ofensiva (dependiendo claro del aprecio que cada uno le tenga al dinero que vale una entrada), y que tanto ese perturbador clima del que hablábamos, como ciertos pasajes en los que el aroma añejo resulta simpático (aunque sin llegar a las apasionadas reverencias de Rob Zombie, Alexandre Aja o Neil Marshall, por ejemplo), o ese final completamente gratuito tan distanciado de las típicas producciones similares, le dan cierto valor evitando que caiga en el peor de los desastres.
Y además, siempre viene bien ver a Liv Tyler de vez en cuando, ¿no?
4,5/10
Passengers
Rodrigo García, director y escritor de la mayoría de capítulos de "Carnivàle" e "In Treatment" (además de "A Dos Metros Bajo Tierra"), así como de "Cosas que diría con solo mirarla" o "Nueve Vidas", toma las riendas de "Passengers", thriller con tintes sobrenaturales que supone el debut de la jovencísima Anne Hathaway como protagonista absoluta en un film serio. Completan el interesante cartel Patrick Wilson ("Hard Candy"), David Morse ("16 Calles"), Clea DuVall ("Héroes"), Dianne Wiest ("In Treatment"), y Andre Braugher ("La Niebla de Stephen King").Un avión se estrella y tan sólo sobreviven siete personas. Claire, una joven psicóloga, deberá ayudar a los supervivientes a superar el trauma. Pero, poco a poco, éstos empiezan a desaparecer misteriosamente. Con la ayuda de Eric, uno de los pasajeros, Claire intentará descubrir qué ocurrió realmente durante el vuelo.
Antes de nada, me veo en la obligación de avisar al lector de que, aunque no pienso revelar el final, mucho me temo que éste se intuirá fácilmente debido a las obligadas comparaciones entre esta película y otra conocida universalmente (e imposible de olvidar). Y debido a que es justamente su conclusión lo único mínimamente interesante de "Passengers", dejo a vuestra cuenta y riesgo la lectura de lo que sigue.
Crudo lo tiene Anne Hathaway para reivindicarse como actriz de peso si los papeles protagonistas que recibe pertenecen a films como este que nos propone Rodrigo García.
Engañosamente camuflado de thriller catastrofista de investigaciones y/o conspiraciones, "Passengers" no tarda en agotar todos sus atractivos, descubriéndose como una pseudo-romántica historia de amor sumamente apática y previsible, relegando a un casi invisible segundo plano todo lo referente a los supervivientes del accidente aéreo y sus diferentes versiones sobre lo acontecido, que dicho de paso tendría el suficiente jugo como para convertirse en un, cuanto menos, digestible guión de mentiras, pistas y sospechosos digno de cierto devaneo cerebral.
En vista de que a dicha vía argumental se le dedican apenas cuatro líneas en favor de la mencionada trama de amor (también desaprovechada) entre paciente y psicóloga, lo que queda es un supuesto batiburrillo de sensaciones chocantes entre sí que van de la emoción a la intriga y al terror, acabando irremediablemente en el tedio más absoluto.
De este modo, el espectador comienza a enervarse al sentir el peso de cada minuto de metraje como si de una hora se tratara, pues absolutamente nada parece suceder en pantalla más allá de la forzada evolución sentimental de los dos protagonistas, que solo sirve para confirmar la poca (por no decir nula) química entre ellos. De esas misteriosas desapariciones de los supervivientes apenas se habla, y los encuentros entre ellos apenas tienen algo digno de mención. Ayuda a potenciar la sensación de hastío una banda sonora compuesta por una partitura lenta hasta el paroxismo, capaz de aletargar de antemano cualquier momento supuestamente excitante.
Tan solo aquí y allá aparecen meras pinceladas que hacen pensar en una subtrama palpitante, tales como conversaciones un tanto extrañas o la aparición de personajes perturbadores (como el de David Morse, del que nunca se sabe demasiado y todo parece indicar que se encuentra tras el desastre).
Sin embargo, aquí es donde, sin lugar a dudas, reside el fallo más grave de "Passengers".
Desde que allá por el año 1999 M. Night Shyamalan cambiara la historia del cine con "El Sexto Sentido", son pocos los espectadores que ante el más mínimo indicio (por infundado que sea) de sobrenaturalidad, fantasmas o muertes no reconocidas, no se plantean una serie de posibilidades referentes a los personajes, tratando de adelantarse a los hechos y descubriendo el pastel antes de tiempo. Es imposible calcular la de veces que se nos ha pasado por la cabeza eso de 'en realidad todos están muertos', y la culpa de tal comportamiento la tienen no solo Bruce Willis y compañía, sino la inacabable lista de productos sucesivos que bebieron descaradamente del mismo manantial, como "El Último Escalón" o "Identidad", por solo citar un par de ejemplos, que crearon una moda a la que se apuntaron muchos, demasiados cineastas, llevando en seguida al completo agotamiento de la fórmula.
Pues bien, García y Ronnie Christensen (guionista del film) parecen haber despertado de un largo letargo sin enterarse de tal evolución, y se han empeñado en caminar paso a paso tan abandonado y manido camino, convirtiendo su "Passengers" en la enésima, y esperemos que última, fotocopia de "El Sexto Sentido".
Dicho de otro modo, desde que Wilson, a los cinco minutos de metraje, habla con Hathaway diciéndole cierta frase inquietante, el espectador ya comienza a elucubrar y jugar con las opciones más imposibles, intuyendo y acertando pese a ello todo el cotarro.
Pero si hace unos años ése era motivo de satisfacción, en este caso se vuelve en contra del film, pues lo que se espera de él (así como de todos los que se atrevan a tratar con temas similares) es un final que contradiga precisamente dichas teorías, algo que aquí no solo no ocurre, sino que además se resuelve de la peor de las maneras, con la ya clásica explicación de tres al cuarto masticándolo todo hasta que lo pueda entender el niño más desatento de la sala.
Para rematar la faena, "Passengers" se convierte en sus últimos minutos en una especie de mensaje reconfortante para el que haya perdido a un ser querido en un accidente aéreo, algo a mi entender bastante desafortunado tras los terribles acontecimientos acaecidos recientemente en Barajas, sobretodo por el modo en que está tratado (aunque obviamente, la culpa de ello no la tiene la película en sí). Y es que no solo puede resultar estremecedora para los más aprensivos la recreación del incidente, sino que el tono happy ending con el que concluye definitivamente la película, que por cierto ata los últimos cabos de manera más que somera y gratuita, acaba por resultar incluso insultante. Parece como si el guionista haya vivido en sus carnes una experiencia similar, y haga de todo para autoayudarse y complacerse con ñoños idilios absolutamente fuera de madre.
En resumen pues, "Passengers" es una película en el mejor de los casos desafortunada. Mal interpretada, mal dirigida y peor escrita, no cuenta con nada que justifique su estreno en salas, más allá del morbo que supone ver una película sobre aviones siniestrados con el vivo recuerdo de la tragedia de Madrid. Y de hecho, puede que ese sea el motivo por el que la película llega a nuestras pantallas antes incluso que en su país de origen, Estados Unidos...
2,5/10
Cleaner
Tom Cutler es un hombre cuyo trabajo consiste en limpiar escenas de crímenes después de que la policía haya recabado todas las pruebas y haya retirado a las víctimas. Antiguo policía, el limpiador elimina todo rastro de sangre, olor y manchas, y se considera a sí mismo capaz de acabar también con el dolor al borrar cualquier vestigio de una tragedia. Pero todo se complica cuando un día limpia el escenario de un asesinato antes de que la policía haya actuado en él, de modo que se convierte en involuntario encubridor de un crimen que tratará de resolver...Presentada fuera de concurso en el festival de Sitges de 2007, "Cleaner" es una película completamente insatisfactoria teniendo en cuenta las bazas con las que a priori contaba.
Su reparto resulta de lo más interesante, encabezado por los siempre solventes Samuel L. Jackson y Ed Harris (y la más limitada Eva Mendes), y además tras las cámaras se encuentra Renny Harlin, irregular pero interesante director de "Máximo Riesgo", "La Jungla 2" o "La Isla de las Cabezas Cortadas".
Por si fuera poco, sus primeros compases son muy atractivos tanto argumental como visualmente (la película se caracteriza por una fotografía oscura y deprimente, y un montaje original y dinámico), presentando una serie de personajes y situaciones originales y que fácilmente se harán con el beneplácito del espectador, deseoso por ver la propuesta sencilla pero digna y atrevida que auguran estos diez minutos iniciales.
Sin embargo, mucho me temo que ahí acaba todo.
Una vez se han asentado las bases y arranca el verdadero argumento de la película (esto es, la investigación por parte de Samuel L. Jackson y la policía para descubrir qué ha ocurrido en la escena del crimen), el globo se desinfla a velocidad vertiginosa, convirtiéndose en una tv-movie de medio pelo. Los personajes comienzan a perder personalidad y se instalan en una vulgaridad digna de telenovela, desmereciendo una presentación inicial mucho más explotable. Además, en seguida se descubre quién está detrás de todo el asunto con solo dos o tres torpes líneas de un guión que opta por la vía más conservadora y no arriesga ni un ápice. Por si fuera poco, hasta el estilo del film parece instalarse en la mediocridad más impersonal, olvidándose de los atractivos planos y montajes que se percibían al comienzo.Todo ello lleva a una conclusión terriblemente anticlimática y desganada, en la que se confirma lo que un espectador ya se temía desde mucho antes, y aunque el último hilo que queda por atar puede resultar más o menos inesperado, es tal la desidia que, simplemente, no importa lo más mínimo.
Así pues, lo único que salva a "Cleaner" de la total quema es por un lado la presencia (que no labor, pues ellos son los primeros interesados en cobrar su cheque y poco más) del atractivo trío de actores protagonistas, y por otro el interesante y arriesgado planteamiento inicial, que habría podido dar pie a una película muy distinta a lo que al final acaba siendo. Por lo demás, se trata de un previsible telefilm de sobremesa sin nada que destacar, que desde luego no merece ser visto en pantalla grande. Una pena.
Todas las críticas
4 Meses, 3 Semanas, 2 Días
12
16 Calles
24: Redemption
28 Semanas Después
30 Días de Oscuridad
50 Hombres Muertos
88 Minutos
300
1408
1997: Rescate en Nueva York
2000 Maníacos
2001 Maníacos
2012
Bluto
Capi
10.000
¿Hacemos una Porno?
¡Corten!
¡Me ha Caído el Muerto! (Ghost Town)
[Rec]
[Rec] 2
A Ciegas
À l'Intérieur (Inside)
Absurdistan
Across the Universe
Adventureland
Ágora
Aliens versus Predator: Requiem
Algo pasa en Las Vegas
Alvin y las Ardillas
American Gangster
An American Crime
Ángeles y Demonios
Antes que el Diablo sepa que has muerto
Anticristo
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Apocalypto
Aquel Maldito Tren Blindado (The Inglorious Bastards)
Arrebato
Asesinato Justo
Atrapado en un Pirado
Australia
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Batalla en Seattle
Beautiful
Bee Movie
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Bendición Mortal
Beowulf
Bienevnidos a Zombieland
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Bronson
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Cashback
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Cleaner
Como la Vida Misma
Como Locos... a por el Oro
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Dead or Alive I
Dead Set (temporada única)
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Death Race. La Carrera de la Muerte
Defensa (Deliverance)
Déjame Entrar (Let the Right One In)
Despierto
Dewey Cox: Una Vida Larga y Dura
Dexter (primera temporada)
Disaster Movie
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Doomsday. El Día del Juicio
Dororo
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Dos Colgaos muy Fumaos. Fuga de Guantánamo
Dragonball Evolution
Dragon Wars (D-War)
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El Abominable Doctor Phibes
El Caballero Oscuro
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El Curioso Caso de Benjamin Button
El Desafío: Frost contra Nixon
El Diario de los Muertos
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El Hombre con Rayos X en los Ojos
El Hombre Lobo
El Imaginario del Doctor Parnassus
El Incidente
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El Intercambio
El Monstruo de Tiempos Remotos
El Mundo de los Perdidos
El Muñeco Diabólico
El Niño con el Pijama de Rayas
El Niño de Marte
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El Reino Prohibido
El Retorno de los Malditos
El Secreto de Sus Ojos
El Territorio de la Bestia
El Último Gran Mago
El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train)
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En el Punto de Mira
En el Valle de Elah
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Escondidos en Brujas
Exorcismo en Connecticut
Expediente 39
Expediente Anwar
Expediente X: Enfréntate al Futuro
Expiación: Más Allá de la Pasión
Fido
Flight of the Living Dead
Frostbiten: 30 Días de Noche
Frozen River (Río Helado)
Funny Games (Juegos Divertidos) (1997)
Funny Games (U.S.)
G.I. Joe
Garbo. El Espía












